Desenredando la flexibilidad: un viaje hacia la autoaceptación a través del yoga

El yoga no es solo para cuerpos elásticos que se retuercen en nudos imposibles, aunque las redes sociales y las portadas de algunas revistas de moda a menudo nos vendan esa imagen. A lo largo de mis años como practicante y profesora de yoga, he visto y experimentado cómo el yoga es mucho más que la habilidad para tocarse los pies con la frente, para mi es mucho más: es un camino de autoconocimiento y transformación personal.

Uno de los grandes malentendidos que muchas personas tienen sobre el yoga es que se debe nacer con el don de la flexibilidad. La verdad es que el yoga no trata sobre dónde comienzas, sino sobre el proceso y hacia dónde te diriges. Cuando comencé en el yoga, me encontraba bastante lejos de lo que hoy considero ser flexible. Mis primeras clases fueron una buena colección de torpezas y ajustes constantes, mucho sudar y sacrificio pero cada práctica era una ventana a un poco más de movimiento, un poco más de profundidad.

Poco a poco voy descubriendo sobre cómo la ciencia está empezando a desentrañar no solo los efectos que tiene el yoga en nuestros músculos, sino también sobre nuestra mente y sistema nervioso. A través de técnicas como la inhibición recíproca y la facilitación neuromuscular propioceptiva (PNF), aprendemos que mejorar nuestra flexibilidad es tanto un acto de física como de percepción.

A medida que nos adentramos en el conocimiento de cómo funcionan nuestros cuerpos, podemos utilizar ese entendimiento para practicar de forma más inteligente. Cuando comprendemos que los músculos tienen una capacidad natural de extensión y que nuestros límites están a menudo más en nuestra cabeza que en nuestros tejidos, comenzamos a desbloquear no solo nuestra capacidad física, sino también nuestra resiliencia mental.

Una de las grandes lecciones que he entendido a través del yoga es aprender a ser flexible no solo en cuerpo sino en espíritu. En la esterilla, enfrentamos nuestras propias barreras, luchamos con nuestras inseguridades y aprendemos a fluir a través de las dificultades. Esta práctica se convierte en un microcosmos de cómo podemos vivir nuestras vidas: con aceptación, paciencia y la voluntad de ceder cuando es necesario, no solo físicamente, sino en nuestras relaciones y expectativas

El yoga es para todos, independientemente de la edad, el tamaño, la forma o la capacidad de flexión. En mis clases, enfatizo la adaptabilidad de las asanas, mostrando cómo cada postura puede ser modificada para satisfacer las necesidades de cada cuerpo. Esta accesibilidad es crucial para fomentar un ambiente de inclusión y aceptación.

Mi viaje personal con el yoga me ha enseñado que ser flexible es mucho más que serlo desde el aspecto físico. Es sobre cómo nos adaptamos a los cambios, enfrentamos los desafíos y crecemos más allá de nuestras percepciones limitadas de lo que somos capaces de hacer. Al final, la verdadera pregunta no es si somos lo suficientemente flexibles para hacer yoga, sino si estamos dispuestas a flexibilizar nuestras mentes y corazones para abrazar plenamente la práctica.

El yoga no es un destino; es un viaje constante de descubrimiento y crecimiento.

No importa dónde comiences; lo que realmente importa es el coraje de comenzar y la resolución para continuar.

En este camino, cada pequeño estiramiento, cada respiración profunda y cada momento de quietud nos acerca un poco más a nuestra esencia más verdadera y flexible.

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